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Cinéfilos & mitómanos

JEAN ARTHUR, LA ACTRIZ INVISIBLE - 6ª parte

El día en que Jean Arthur se sentó a desayunar era un domingo de Mayo de 1972 a las 11 de la mañana. -¿BEBE USTED POR LAS MAÑANAS, SEÑOR FLATLEY?.- me preguntó mientras se acercó al bar a por un poco de vodka. La famosa y tímida actriz necesitaba la bebida porque por primera vez en años había dicho que sí a una entrevista. Esto que vas a leer apareció a finales de ese mes en el New York Times...

-Me encantaba poner mi cabeza en el pecho de Cary- dice Jean Arthur recordando a su compañero de "Solo los ángeles tienen alas", 1939... y al público le encantaba ver como Jean ponía su cabeza rubia en el pecho de Cary Grant, y cómo abrazaba a Gary Cooper en "El secreto de vivir", cómo besaba a James Stewart en "Vive como quieras" y cómo se quejaba a Joel McCrea en "El amor llamó dos veces". El gran público la adoró años después cuando luchó por la moralidad de la tropa en "Berlin Occidente" o siendo un ama de casa luchadora en "Shane".

En las últimas décadas las audiencias han tenido pocas oportunidades para amar a Jean Arthur, y todo gracias a una sucesión de calamidades, tanto públicas como privadas, que incluyen una obra de teatro basada en el mito de Juana de Arco que fue crucificada en una prueba en Chicago, una serie de televisión que no valía gran cosa, y otra obra de teatro llamada "The Freaking Out of Stephanie Blake", que era una comedia que no pasó de las tres representaciones y que fue la prueba de que la inseguridad es algo común en las actrices que lo son de verdad.

En los últimos años, Jean Arthur ha vuelto a ganar confianza mientras daba clases de actuación en la Universidad de Vassar a unos estudiantes demasiado jóvenes para saber la diferencia entre Jean Arthur y Gene Autry. Incluso en su época dorada de Hollywood había algunos que la veían como una especie de Greta Garbo. Sabiendo todo esto es obvio y natural que la gente que fue al reciente Festival de Cine de Dallas, tuviese que mirar dos veces cuando vieron a una pequeña dama con el pelo blanco subiendo al escenario y compartiendo una grandísima ovación con Frank Capra, cineasta y amigo, que recibía un homenaje en dicho festival.

-Es de las cosas más divertidas que he hecho -dijo Jean Arthur mientras se sentaba para esta entrevista en la sala de su apartamento en Vassar- Fue maravilloso volver a ver a Frank. Ójala pudieramos ir de gira juntos, viendo otra vez aquellas películas y hablándole a la gente. En Texas nos dieron unas fiestas maravillosas! Una noche estaba sentada junto a Andy Warhol. Deberías de trabajar en las películas. -me dijo- y yo le dije: no puedo. No hay papeles para una mujer de mi edad. Pero la cámara es mágica -dijo él. Fue un encanto... tan sencillo. Ah, sí, también estaba ese jovencito de "Love Story", sabes cual te digo? otro jóven encantador y muy modesto (¿Ryan O'Neal?).

Así a primera vista, es imposible conectar a esta señora de 64 años que lleva puesto un jersey negro y ancho y que disfruta con un vodka con agua mientras fuma un cigarro nerviosamente, con aquella mujer rubia, la más moderna de las rubias de los años 30. Su pelo blanco aún le tapa parte de la cara pero se ven sus ojos azules tan vivos como siempre y esa media sonrisa suya tan típica.

Aquella rubia ya no existe, pero mientras empieza a recordar sus memorias en aquel loco Hollywood que ella vivió al máximo, vuelve a aparecer la mujer moderna única entre un millón, que inspiró a diferentes cineastas. La voz tiene algo que ver. Sigue siendo frágil y dura a la vez. Se sigue meciendo entre la madurez y la necesidad. Ese sonido no engaña. Delante de mí está Jean Arthur. Oir su voz es fantástico. Estoy seguro de que me va a regalar alguna de sus frases inteligentes y sarcásticas.

"Creo que me hice actriz porque no quería ser yo misma. -dice pensando en su infancia como Gladys Georgianne Greene en Washington Heights, Nueva York- Cuando estaba en el colegio, un hombre de una productora de cine se fijó en mí porque yo había hecho unos anuncios de cierto éxito y me ofreció un contrato. Dejé el colegio, al que siempre quise volver, y me fui a Hollywood. Me quedé en Hollywood porque era todo un desafío para mí. En los últimos años me he dado cuenta de que he tenido una vida fantástica, no me puedo quejar si me comparo con la mayoría de las mujeres. El único disgusto verdadero es que no me casé con George Bernard Shaw. Adoro a Shaw".

Pero Jean Arthur sí se casó dos veces. El primer matrimonio mientras aún era una jóven aspirante a estrella en el cine mudo fue con Julian Anker, un agradable jóven judío no muy bien visto por su familia. "Julian era muy parecido en aspecto a Abraham Lincoln... probáblemente por eso me enamoré de él. Un día estábamos dando un paseo en coche y de repente dijo: hey, ¿por qué no nos casamos?. Así que mentimos sobre la edad que teníamos y nos casamos en una comisaría... Tenías que haber visto a nuestras familias. Gritos y peleas y hasta avisos de suicidio. Total, no era para tanto. Ni Julian ni yo ganábamos tanto dinero para poder vivir juntos. Así que nuestro matrimonio duró un día. Lo anulamos".

"Julian tenía el sueño de convertirse en millonario. Tenía un montón de buenas ideas y realmente yo pensaba que lo conseguiría algún día. Poco tiempo después de la anulación matrimonial Julian murió. Estaba pescando y le dio una insolación".

En 1932, Jean Arthur se fue de Hollywood a Broadway a probar suerte en los escenarios y acabó casándose con el productor y amigo Frank Ross. Aunque este matrimonio duró más que las obras en donde actuó Jean en esos años alejadas de las cámaras, no es que fuera un amor loco, y acabaron divorciándose en 1949.

"Yo estaba trabajando la mayoría del tiempo pero mi marido era muy sociable. Él salía todos los días a todos lados. Hubo una vez que fuimos a una fiesta en la casa de Cary Grant, cuando estaba casado con Barbara Hutton. Aquello estaba lleno de príncipes y demás. Era una casa fabulosa y Cary era un tipo fabuloso. Creo que hasta Barbara era fabulosa también. Intenté hablar con ella sobre su jardín porque había visto unas plantas preciosas... Pero, bueno... Ya sabes. Barbara no tenía ni idea acerca de su jardín".

Frank Ross -el segundo marido de Jean Arthur sigue vivo, no?- "¿Frank? Oh, sí... Es decir, creo que si. Ya no nos vemos. No es que haya ninguna amargura es que cada uno pensamos del otro que es un aburrido. Solo porque hayas besado y abrazado a alguien durante diez años no significa que lo vayas a querer toda la vida".

Mientas duró hubo algunos momentos geniales y algunos buenos amigos. "Eramos muy cercanos a George Murphy y a su mujer. Eran unos buenísimos bailarines y hacían una pareja perfecta. No fue hasta más tarde que George se metió a fondo con la política".

El compañero de Jean en "A lady takes a chance", 1943, fue John Wayne, que después también sería conocido por sus afinidades políticas ultraderechistas. "Si hubiera sabido entonces lo que sé ahora, pienso que le hubiese dado un tiro allí mismo en el set de rodaje. Pero en aquellos días John era amable y tranquilo. Tenía una esposa y una familia que lo quería. Todos juntos eran adorables. Mi esposo producía la película y el estudio quería que Henry Hathaway la dirigiera. Cuando me enteré dije: ¿Hathaway? Seguro que hará otro de esos westerns tan anodinos. Contraten a Ginger Rogers para el papel!! Creo que me estoy mareando, me voy a la cama. Mi marido dijo: Pero Jean, estoy empezando como productor y no les puedo pedir que cambien de director. Pero lo hizo, y contrataron a William Seiter, que era perfecto para la comedia. Él la dirigió finalmente".

En cualquier caso, la película con John Wayne se ve tranquilamente pero no le dio la oportunidad de brillar a Jean como lo haría en otros títulos. La gota que colmó el vaso de cómo la ignoró el público fue "The Impatient Years", que fue justo cuando Jean decidió volver a Broadway para actuar en una obra que Garson Kanin escribió solo para ella.

"Esperé dos largos años por "Nacida ayer". Pero Kanin fue a la guerra y yo tuve que decir que no a "Ana y el rey de Siam" junto a Rex Harrison para estar libre en todo momento por si acaso. Tengo que decir que cuando al final leí el texto me sentí decepcionada. No sé porqué Kanin pensó que ese papel era para mí. Parece ser que Harry Cohn, mi jefe en Columbia, el mismo que me tuvo dos años y medio suspendida, estaba detrás de todo aquello. Yo había encontrado el método perfecto para molestarle al irme a Broadway. Tal vez fueron cosas de mi marido que siempre tuvo interés en hacerse famoso y tener mucho éxito. Supongo que soy una snob pero yo quería hacer algo más en plan señora. Yo podía haber hecho ese papel pero no de la forma que lo hizo Judy Holiday. Hubo mucha confusión y los cambios en el texto eran continuos... ¡¡Y no había tercer acto!! Ya sé que hay veces que se hacen cosas así en el teatro pero esa obra debería haber sido escrita para mí. También había un actor jóven que hacía de periodista y, la verdad, no me gustaba nada. Solo hice una actuación y fue con Gary Merrill. Si hubiera estado Merrill desde el principio todo hubiera sido diferente. Las circunstancias pudieron conmigo, supongo".

"Yo puse 10.000 dólares en la producción de "Nacida ayer" y toda la inversión era de unos 40.000 dólares. Cuando enfermé y quedó claro que Judy iba a triunfar con la obra, Garson Kanin vino un día y me dijo, me exigió que devolviera mis acciones. Así lo hice. Fueron unos momentos duros para mí. Todo iba mal con mi marido y no había nadie que me pudiera ayudar. Estaba tan sola".

Sí, Jean estaba tan sola que incluso buscó ayuda en el psicólogo Erich Fromm. "Pienso que si llega el momento en que estaba, tan ciega emocionalmente que no te das cuenta de que lo que tienes que hacer es divorciarte, alguien tiene que abrirte los ojos. Llevaba yendo al psicoanálisis con Fromm cerca de un año y medio y lo más importante que me enseñó fue a reirme de mí misma".

Jean Arthur aprendió a reir y aprendió a volar alto en Broadway. Triunfó en 1950 con su versión de "Peter Pan". Después las risas acabaron y el triunfo también por su lucha en sacar adelante su "Saint Joan" en 1954.

"Debería de haber cancelado esa obra de teatro o por lo menos haber buscado otro director. Debería haber echado a Harold Clurman ya que en mi contrato había una clausula que decía que lo podía hacer. Simplemente, no pude enfrentarme a él. Antes de los ensayos estuvimos de acuerdo en cómo debería de interpretar a Juana de Arco... Pero después él lo cambió todo. Me ordenaba que me quedase en el escenario sin moverme y entonces él se ponía con los otros actores y me ignoraba por completo... Me decía: recita tu parte y eso será suficiente..."

"Después de que estrenamos en Delaware, Clurman vino detrás del escenario y sus críticas eran: Miss Arthur, no has hecho bien aquello o lo otro... Entonces yo hice algo que debería haber hecho antes. Fui hacia él y le agarré de la chaqueta, dándole unos buenos empujones. Tú ya sabes lo que me has hecho, le dije. Me has arruinado y ahora te atreves a estar ahí y darme consejos de cómo actuar!! Así fue. El productor, Robert Whitehead, quería que yo pensara que él estaba de mi lado y vino entre bambalinas y me dio un gran beso en las mejillas. Sería después cuando me traicionaría y me hizo la zancadilla, llegando a hacer cosas tan estrambóticas como quemarme un traje con un cigarro, lo que habla de él como que estaba medio loco".

"Cuando la obra llegó a chicago, yo estaba exhausta y muy enferma. Mi sistema linfático había dejado de trabajar, estaba hinchada y me sentía como envenenada. La noche del estreno, Whitehead se acercó a mí y me dijo que aquella tarde había que ensayar. Yo le dije que ya no podía ensayar más y que tenía que descansar -tienes que venir o te demandamos- me dijo. Así que yo fui al ensayo y cuando llevábamos un rato rompí a llorar y ya no pude parar. Estaba histérica y dolorida. Ese fue el final de Saint Joan, la obra que había querido hacer toda mi vida".

Era casi el final de su carrera también. En 1966 la invitaron a unas tomas de la serie "Gunsmoke" y algún ejecutivo tuvo la idea de que Jean Arthur tuviera su propia serie en la CBS. Ella era una abogada y la serie era un crimen.

"No hay buenos guionistas en la televisión y los directores no tienen ni idea. Camina hacia la puerta, date la vuelta, mira a la cámara y habla... Esto y aquello me decía el director y cuando ya no pude aguantar más le dije: como me sigas dando órdenes te voy a partir la boca. Es como si... la gente que hace televisión quisiera hacer cine y la que hace cine quiere hacer televisión... Algo así, no?".

No fue una sorpresa que la serie fuera retirada tras apenas una temporada y hoy queda como una de esas curiosidades televisivas en el mundo digital. Jean Arthur se retiró a Carmel hasta que recibió una llamada de una productora teatral, Cheryl Crawford, que le preguntó: ¿Si te enamoras de una obra de teatro la harías en Broadway?.

"Envíame el guión, le dije y me envió la primera escena de The freaking out of Stephanie Blake. Sí, me enamoré al instante".

El destino tenía preparado otra cosa ya que la obra fue masacrada por los críticos y por encima de todo, Jean tenía problemas con su voz. "Durante los ensayos se iban introduciendo nuevas escenas y no creerías lo estúpidas que eran. Era imposible que fueran escritas por la misma persona que escribió aquella deliciosa primera escena. Me gustaría saber algún día quién escribió aquel fantástico texto". El resto de escenas las escribió un chico que trabajó con Cheryl Crawford durante ocho años y que después le arrestaron por falsificación de cheques.

"Durante los previews de la obra pude comprobar que al público no le gustaba lo que veía. Y mi voz y mi garganta me fallaban. Empezaba a hablar y no salía nada. Me asustó hacer el ridículo. En uno de esos ensayos con público, paré la obra después de esa primera gran escena y hablé directamente con el público:probablemente no voy a poder acabar esta actuación, dije, pero en cualquier caso esta obra solo tiene una escena que valga la pena. Tengo la garganta fatal, así que si me ven poniendo mi mano delante de la boca y que sale algo por ella, no se preocupen. Solo es algo de saliva. Después seguí con la obra y cada vez que me tapaba la boca el público aplaudía un montón!".

Jean Arthur se ríe. "Oye, no quiero que pienses que que no me siento bien conmigo misma, yo no soy así.La única verdad es que me he divertido hoy hablando contigo de todo esto, de lo de Clurman y todo lo demás. No pienses que Clurman sea tan malo, seguramente no pudo evitar todo lo que pasó. Años después de Saint Joan le vi en una fiesta y estaba nervioso. Apuesto a que pensó que le iba a tirar a la cara un plato de comida!! Tal vez debería de haberlo hecho!! No, en serio, todo eso es pasado y prefiero pensar en el futuro".

¿Ve Miss Arthur un regreso a Hollywood en el futuro?. "Si esto fuese Inglaterra y hubiese papeles en plan Margaret Rutherford, sería estupendo. Si quisiera volver ya lo hubiera hecho, ya que me han ofrecido un papel en un western con Steve McQueen, haciendo de su madre, una viejita enferma... Y el productor Ross Hunter me ofreció un papel en el musical de "Horizontes perdidos"... Pero son papeles tristes y pequeños. No quiero hacer nada a no ser que sea muy divertido".

Estos cuatro años en Vassar sí que han sido divertidos pero ahora Jean siente que tiene que seguir moviéndose. "Estoy agradecida a esta universidad por darme la oportunidad de probar que yo puedo contribuir con algo a la gente jóven. Me he dado cuenta de que les ayudo a abrirse, a buscar dentro de ellos. Una vez que se den cuenta de lo divertido que es ser otra persona, no hay problema. Pero aquí me siento algo sola. Es una universidad bastante conservadora y apenas tengo contacto con otros profesores. Estoy preparada para algo diferente, algo excitante. Quiero enseñar y dirigir por todo el mundo, lo estoy deseando y uno de estos días encontraré a una buena actriz y la dirigiré en mi versión de Juana de Arco".

Mientras tanto, Jean está haciendo un trabajo fantástico con la gente jóven. Durante la tarde que hablamos en la cafetería de Vassar, buscó una mesa vacía pero acabó sentándose en una donde había dos estudiantes hablando entre ellos. Uno es un chico blanco con el pelo largo y otro es un chico negro con un gran afro. ¿Puedo sentarme?, les dice. Y tras unos minutos ahí sentada, el chico blanco no sabe qué decir y el chico negro (visitante de otra universidad) se ha dado cuenta de que en Vassar existe la discriminación racial. "¿Por qué? Yo pienso que la gente blanca es desagradable". Dice Jean mientras se pellizca las mejillas para darles color y así darle énfasis a la frase.

Pero usted no niega que los prejuicios existen, no?, dice el estudiante negro. "En mi caso no existen". Pero mire usted al pasado... "Yo no quiero mirar al pasado. Yo vivo en el presente". De acuerdo, pero si queremos cambiar algo debes aceptar su existencia. En este país todo se trata del poder y eso incluye a los blancos celosos con el poder de los negros. "Seguro que sí existen los prejuicios y seguro que nuestros políticos son horrorosos. Solo tienes que mirarles a la cara y te das cuenta de eso. Pero también es verdad que hay gente que tiene las respuestas -Ralph Nader, Buckminster Fuller, Dick Gregory, Loren Elsely- y habrá un día en que la gente les escuche. Lo mejor que puede pasar es que la gente jóven se una y discuta y haga planes. Es como esa gran canción de ese musical malísimo". To dream the impossible dream, soñar el sueño imposible de "El hombre de La Mancha" es lo que nombra Jean. "Me refiero, por ejemplo... ¿Cómo hicieron los científicos para ir a la luna? Pues eso".

No me gustaría sonar cínico, dice el estudiante blanco, pero no cree usted que hay cosas dentro de nosotros, ideas filosóficas, que deberían ser exploradas antes de haber ido a la luna?.

"Pero bueno, solo porque los científicos apoyan a ese tipo en Washington ahora mismo no significa que esa tecnología tenga otro uso algun día. Tal vez todo eso nos ayude a querernos más unos a otros". Estoy de acuerdo con lo que dice, comenta el estudiante negro. "Teneis que cortar ese sentimiento de sentir que abusan de vosotros... Si dejais de lado esas tonterías, será más fácil ir hacia adelante, seguir creando. Yo lo sé, porque eso es lo que me pasó a mí. No me pasará nunca más. Pase lo que pase".

Por fin, se acaba la conversación con los dos estudiantes y Jean Arthur se levanta de la mesa. "Ha sido agradable hablar con ustedes", extiende la mano y les dice "Mi nombre es Jean Arthur". Uno de los estudiantes se queda pensativo y dice: Jean Arthur, Jean Arthur. Recordaré ese nombre. Usted siga con esas ideas tan modernas, señora. Algún día será usted famosa... Jean Arthur no dice una palabra más. Pero sonríe como si se hubiera graduado Summa Cum Laude.

MAYO DE 1972. FIN

No hay mucha más información de la actriz más moderna de Hollywood y da rabia pensar que nunca veremos un montón de películas que Arthur protagonizó en el cine mudo (The Powerful Eye, Biff Bang Buddy, The Broken Gate, Born To Battle, Halfway To Heaven, Stairs Of Sand, Wallflowers, Husband Hunters, Tearin' Loose, Thundering Through, Hello Lafayette, The Fighting Smile, etc, etc) Nos queda el placer de volver a ver las que ya conocemos y disfrutar de su talento y de su voz...

"Trabajar con Frank Capra me deparó alguno de los momentos más felices de mi vida. Reinaba un sentimiento de calidez y protección; sentíamos que todos, el equipo artístico y el equipo técnico, estábamos trabajando para la consecución de un fin común. Mr. Capra sacó lo mejor de nosotros mismos. Creo que deberían nombrarle director de las Naciones Unidas."
Jean Arthur

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